4 de febrero de 2026
Pidieron tres años de prisión para el anestesiólogo condenado por la muerte de un niño en una cirugía: “Se distrajo con el celular”

Se trata de Javier Atencio Krause, declarado penalmente responsable por el homicidio culposo de Valentín Mercado Toledo en Río Negro. El veredicto se conocerá el martes
“Esto demuestra una vez más su grado de impericia”, sostuvo el fiscal, quien concluyó su alegato solicitando “la pena máxima de tres años de prisión de ejecución condicional y la inhabilitación especial máxima para ejercer la medicina durante diez años, más las costas”.
Por su parte, la defensa particular del anestesiólogo reconoció el dolor generado, aunque pidió el mínimo penal previsto en la ley para su asistido. Además, solicitó que, en caso de prosperar la inhabilitación, la misma se restrinja específicamente al ejercicio de la medicina pediátrica, permitiendo a Atencio Krause continuar trabajando en otras áreas del campo médico.
Como atenuante, la fiscalía solo tomó en cuenta “el comportamiento del imputado durante este proceso y la ausencia de antecedentes penales”.
El pediatra y cirujano Fernando Cordero le aseguró a Ariana, la mamá de Valentín, que la operación de julio 2024 sería breve, de una hora u hora y media, y que podía esperar tranquila en la habitación. A las ocho en punto, la mujer se despidió de su hijo, quien -como recalca una y otra vez- entró caminando al quirófano.
Ariana acompañó a los médicos hasta la unidad de terapia intensiva, pero la imagen la desbordó: su hijo estaba conectado a tubos, rodeado por monitores y aparatos, dormido bajo los efectos de la sedación.
Por la noche, la sombra de la tragedia empezó a solidificarse. Valentín sufrió convulsiones, después episodios de fiebre y, al poco tiempo, se le diagnosticó diabetes insípida. “Todos eran indicadores de la muerte cerebral”, admitió Ariana, aunque nadie se animaba a confirmarlo.La familia, consternada, buscaba explicaciones. Pero lo más alarmante ocurrió cuando la mujer pidió un certificado para presentar en su trabajo. “El certificado emitido por la administración del sanatorio no describía un posoperatorio común, sino muerte encefálica’. Cuando pedí una explicación, pensando en que se habían equivocado de paciente, una empleada le corrigió el diagnóstico a mano, con frialdad burocrática. No era un error. Ellos sabían y a mí nadie me había dicho nada”, relató.Sin embargo, las claves estaban en los detalles omitidos: “El médico me había dicho que fue un poco de bradicardia, pero a la semana me vengo a enterar de que Valentín había sufrido un paro cardíaco durante la cirugía”.


