9 de abril de 2025
Una bebé robada y vendida, 25 años de búsqueda y un encuentro bajo la lluvia: �??Me dijeron que usted podía ser mi mamá�?�
Andrea Langhoff (48) fue apropiada en septiembre de 1976 en General Pico, La Pampa. Su búsqueda empezó en la adolescencia y destapó una trama de entregas ilegales que involucró a médicos, parteras, documentos falsificados y una causa judicial que terminó archivada
—Dale Octavio, no seas tonto. Si trajiste a la nena y no hubo problemas, ¿por qué no traés a este varón? —le insistÃa el sobrino.
Pasaron varios dÃas, quizás semanas, hasta que volvió a preguntarles a sus padres si era adoptada. “Les conté lo que habÃa escuchado, pero negaron todo. Me dijeron que me habÃa confundido, que lo habÃa soñadoâ€, detalla.
A los 11, Andrea empezó a conectar su historia personal con algo más amplio. “Dentro de mi familia sabÃa que tenÃa dos primos que eran adoptados. En paralelo, a esa edad, me enteré de la existencia de las Abuelas de Plaza de Mayo. Siempre digo que ahà hice un ‘clic’ porque buscaban nietos desaparecidos del año en que yo nacÃ: 1976â€, dice.La reacción de su padre de crianza la dejó paralizada: “Fue la primera vez que lo escuché decir un insulto. Me respondió: ‘Hacé lo que quieras’. Y después, lo que jamás hubiese esperado: ‘¿Para qué querés saber quién es tu madre, si fue una prostituta que dejó tirados como cinco hijos más?’â€. Ese momento marcó un quiebre definitivo en la relación. “Imaginarme que tenÃa hermanos y confirmar que todo habÃa sido una mentira fue muy fuerteâ€, asegura Andrea.
A los 14 años, Andrea dejó la casa de Glew. Estaba embarazada. Un año más tarde, Octavio murió. Fue entonces cuando recibió los primeros datos sobre su madre biológica. “Era jovencita, morocha, de pelo largo. VivÃa en General Pico, La Pampaâ€, le dijo Emilia y también le contó que habÃan pagado una suma de dinero por ella. Luego “desaparecióâ€. Se reencontraron unos años después, cuando Andrea cumplió 18, y le pidió su partida de nacimiento. “Ahà empecé la búsqueda oficial de mi identidad biológicaâ€, asegura.En diciembre de 2004, Andrea llegó al consultorio del pediatra que habÃa firmado su partida de nacimiento: Carlos Emilio Broggi. “En la conversación que tuvimos, él desconoció absolutamente todo, dijo que no recordaba nada y aseguró que alguien le fraguó su firmaâ€, relata.
A partir de ese momento, Langhoff decidió hacer pública su búsqueda. Después de sus primeras apariciones en medios locales, empezaron a llegarle otros datos: habÃa muchos casos similares al suyo. “Desde 1965 hasta 1982, Broggi entregó niños de manera sistemáticaâ€, asegura. “Volvà a contactarlo, pero como se negó a hablar, lo denunciamos. Hubo más de 100 denuncias, de las cuales 45 fueron resueltas. Años después, se abrió una causa en el Juzgado Federal de Santa Rosa. Hablábamos de una red de tráfico de bebés que involucraba pediatras y parteras de la ClÃnica Argentina y la ClÃnica Regional de General Picoâ€, dice.Entre 2008 y 2017, Andrea dejó de buscar. “Fueron tiempos duros. En 2008 falleció mi madre de crianza. Al año siguiente, quedé embarazada y mi hijo murió al nacer. Como si fuera poco, el abogado que venÃa llevando mi caso renunció... mi vida se destrozó“, explica. En los años siguientes, se dedicó a criar a sus hijos y comenzó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.Al dÃa siguiente, Broggi pasó a buscarla por el hotel donde se hospedaba. “Fuimos a la ClÃnica Argentina, que fue mi lugar de nacimiento y donde se dio la mayorÃa de los nacimientos que terminaron en tráfico de bebés. AllÃ, hicimos una recorrida de dos horas con todas las partidas que yo habÃa reunido desde 2004. Me iba señalando caso por caso: ‘Acá pasó esto’; ‘La madre de esta persona es tal’. El último que quedaba era el mÃo. De nuevo, me dijo que no sabÃa nada, pero que iba a ayudarmeâ€.
Tras la muerte de Broggi, Andrea dio por perdida su búsqueda y asà lo comunicó en el perfil de Facebook “Busco madre biológica La Pampaâ€, integrado por más de 60 hombres y mujeres que estaban en su misma situación. En ese preciso momento, justo cuando estaba a punto de soltar la toalla, recibió un mensaje inesperado con información clave de su madre biológica. “Me preguntó por mi fecha de nacimiento y, después, me dio algunos datos: un nombre, un barrio y una direcciónâ€, cuenta Andrea. Esa persona, más tarde, resultó ser su tÃa, la hermana de su mamá. “HabÃa guardado detrás de una foto de mi padre la fecha exacta y el horario de ese parto: 14/9/1976, 00.30 horasâ€, agrega.
Con esos datos, Andrea viajó a verla. Fue sin avisarle a nadie. Era de noche y hacÃa frÃo. “Pasá, que está lloviendoâ€, le dijo la mujer. Minutos después, sentadas una frente a la otra, SofÃa Urquiza le confirmó lo que habÃa esperado toda su vida: “SÃ, soy tu mamáâ€.Con los años, SofÃa empezó a sospechar que su hija no habÃa muerto al nacer, como le habÃan hecho creer. Pero fue su tÃa quien supo la verdad primero: que Andrea habÃa sido entregada. ¿Por qué no la buscaron? “Mi madre no supo decÃrmelo. Tampoco se lo pregunté porque la vi muy quebrada. Según mi tÃa, le habÃan dicho que yo habÃa sido entregada a una familia de abogados de Buenos Aires y que yo vivÃa muy bien. Entonces, ¿para qué iba a aparecer en mi vida? ¿Para arruinármela? Eso era lo que ella pensabaâ€, cuenta Andrea.
—¿Sos parecida fÃsicamente a tu mamá?—¿Qué te pasó cuando la miraste a los ojos?
—¿De qué hablaron?
—A tu mamá, ¿la viste esa vez y nunca más?
—¿Te pesa haberla buscado tantos años y no tener un vÃnculo actualmente?
—¿Qué sabés de tu papá biológico?
—¿Cómo es la relación con tus hermanos?
—¿Guardás rencor hacia tus padres de crianza?
—¿Lograste reconstruir algo del pasado familiar?
—¿Qué pasó con la causa judicial?
