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4 de junio de 2026

Isabel Allende, escritora chilena: "Para las mujeres, el mejor afrodisíaco son las palabras; el punto G está en los oídos, el que busque más abajo está perdiendo el tiempo"

La gran narradora sudamericana unió el erotismo y la literatura para demostrar que el deseo femenino se estimula con la imaginación, consolidando una filosofía de vida que atraviesa toda su producción narrativa

El erotismo, para Isabel Allende, nunca fue una cuestión puramente anatómica. En un mercado literario que a finales del siglo XX exigía manuales técnicos o narrativas explícitas, la autora chilena publicó en 1997 una obra inclasificable que desafió los manuales de autoayuda sexual: Afrodita: cuentos, recetas y otros afrodisíacos. La frase que corona este artículo es una declaración de principios sobre cómo la escritora entiende el amor, el placer y el poder de la palabra escrita.

Allende venía de transitar el dolor más profundo de su existencia: la muerte de su hija Paula Frías, ocurrida en 1992. Tras el duelo, que quedó plasmado en su desgarradora novela epistolar Paula, la escritora se encontró en un desierto creativo. Ella misma confesó en diversas entrevistas que había perdido el apetito por la comida y el entusiasmo por la vida. Afrodita nació, entonces, como un exorcismo y un canto a la supervivencia. El libro se convirtió en una celebración de los sentidos.

Junto a su madre, Francisca Llona, y el ilustrador Robert Shekter, Allende se sumergió en una investigación exhaustiva sobre recetas culinarias, mitos históricos y sustancias estimulantes, demostrando que el placer es un derecho soberano que se recupera a través de la memoria y la complicidad. Dentro de la bibliografía de la autora de La casa de los espíritus, Afrodita ocupa un lugar único. No es una novela, pero contiene ficciones; no es un libro de cocina tradicional, pero incluye recetas.

La importancia de este libro radica en mirar el erotismo desde una perspectiva lúdica, humorística y feminista. En los años noventa, la discusión sobre el placer de las mujeres todavía arrastraba tabúes o se abordaba desde una perspectiva clínica. Allende rompió ese molde al reapropiarse del concepto de "afrodisíaco", alejándolo de los polvos mágicos para ubicarlo en el terreno del lenguaje. El libro demostró que la literatura y la gastronomía comparten un mismo fin: nutrir el cuerpo y el espíritu.

Cuando Allende afirma que "el punto G está en los oídos", lo que hace es descentrar la sexualidad de los órganos genitales para trasladarla al cerebro. Para la psicología femenina que la autora defiende, la seducción requiere de una narrativa previa. El cortejo, la atención, el susurro y la construcción de una atmósfera son más eficaces que la mera acción física. La advertencia de que "el que busque más abajo está perdiendo el tiempo" es una crítica directa al reduccionismo falocéntrico.

De este modo, propone un cambio de ritmo: el erotismo femenino es un proceso de cocción lenta y la imaginación, el verdadero motor del deseo. Esta idea no es un hecho aislado en Afrodita; resume la cosmovisión literaria de Isabel Allende. Toda su obra se sostiene sobre la premisa de que las palabras tienen el poder de transformar la realidad, sanar heridas y encender pasiones. La frase de Afrodita es la teorización de lo que sus novelas ya hacían: demostrar que la mente es la zona más erógena del ser humano.

Isabel Allende es una de las escritoras más leídas del mundo, nacida el 2 de agosto de 1942 en Lima, Perú, debido a las funciones diplomáticas de su padre, aunque es de nacionalidad chilena. Tras el golpe de Estado de 1973 en Chile, se exilió en Venezuela, donde consolidó su carrera periodística y comenzó su camino en la literatura con el manuscrito que se convertiría en su debut consagratorio: La casa de los espíritus (1982). Su vida está marcada por el desarraigo y la resiliencia.

Su prolífica carrera contiene títulos emblemáticos como De amor y de sombra, Eva Luna, Inés del alma mía y la trilogía juvenil que inicia con La ciudad de las bestias, obras que la llevaron a ganar el Premio Nacional de Literatura de Chile en 2010. Actualmente reside en Estados Unidos y continúa escribiendo de manera activa. Su vida personal atravesó momentos de profunda luz y oscuridad, siendo el más doloroso el fallecimiento de su hija Paula Frías en 1992, tragedia que inspiró Paula.

A pesar de las pérdidas, su vitalidad creativa no se detuvo, publicando novelas como Largo pétalo de mar, Violeta y El viento conoce mi nombre. A través de la Fundación Isabel Allende, la autora apoya los derechos de mujeres y niñas, manteniendo un compromiso con la realidad que complementa su estatus como un ícono viviente de la literatura hispanoamericana. Semanas atrás dio una entrevista a Infobae Cultura, donde dijo: "Mientras pueda pensar voy a escribir y después... miraré un cuadro".

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