¿Es posible ser amigos después de una ruptura amorosa?
Hay claves emocionales que pueden marcar la diferencia entre un cierre saludable y la posibilidad de transformar el vínculo en compañía genuina tras una separación
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¿Se puede ser amigo de un Ninguna historia es igual a otra, pero ciertos patrones y recomendaciones de especialistas ayudan a entender por qué mantener el contacto puede ser tan complejo o, en algunos casos, sorprendentemente sencillo. Para muchas personas, la idea de conservar una La clave, según Petter, está en la intensidad y la duración del noviazgo. Solo con quienes tuvo relaciones breves y poco comprometidas fue posible una cercanía sin tensiones: “El hecho de que hayamos tenido algo facilita una amistad cercana, sin dudas ni confusiones”. Pero cuando la historia fue más profunda, aunque el trato siga siendo cordial, la amistad genuina no suele prosperar. A veces, es solo cortesía.Kate Mansfield, asesora en relaciones de pareja, va un paso más allá. Para ella, el modo en que termina la historia pesa más que el tiempo compartido. “Depende realmente de cómo terminó, de quién tomó la decisión, si fue una ruptura mutua o si solo una parte quiso finalizar; esto pesa más que los años invertidos”, aclaró a BBC News. Para Mansfield, los vínculos casuales suelen ser más fáciles de transformar en amistad, aunque a veces sean emocionalmente más intensos de lo esperado. No hay recetas mágicas, solo la certeza de que el cierre emocional es indispensable.Y aquí aparece el primer gran desafío: diferenciar entre la persona y el romance. Mansfield insiste en que hay que haber procesado la ruptura, no solo avanzar en lo práctico, sino también en lo emocional. “Debes haber procesado la ruptura, no solo haber avanzado en lo logístico, sino también en lo emocional”, subrayó. Además, recomienda analizar si existe un interés real por la otra persona más allá del pasado romántico. Las amistades sinceras nacen cuando hay algo más que recuerdos de pareja.¿Y si uno de los dos mantiene la esperanza de reconciliación? Mansfield lo deja claro: “Si aún tienes la esperanza de que vuelvan o mantienes el contacto solo para saber sobre su vida sentimental, eso es apego disfrazado de amistad”. En otras palabras, no se trata de amistad, sino de una extensión del vínculo anterior. La única manera de que funcione es que ambos acepten el final y no existan intereses ocultos.El tiempo también juega un papel fundamental. Petter sugiere una “pausa” entre el final y el inicio de la amistad, un espacio para recuperar el equilibrio emocional y redefinir el lugar que ocupa la otra persona. La prisa, en estos casos, suele complicar aún más las cosas.Si ambos han cerrado el ciclo, la amistad puede ser posible, pero requiere acuerdos claros. Los especialistas recomiendan dialogar sobre los límites, especialmente si alguna de las partes inicia una nueva relación.
Pero no siempre se puede. Tanto Mansfield como Petter coinciden en que hay casos en los que la amistad es inviable: daños emocionales, pérdida de confianza o sentimientos no resueltos hacen imposible recomenzar como amigos.
Por último, en esas situaciones en las que el dolor persiste, los especialistas aconsejan priorizar el bienestar y tomar distancia. En ocasiones, lo más saludable es aceptar que esa relación ha llegado a su verdadero final.