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2 de febrero de 2026

“Culpa, impotencia, humillación y amargura”: el impacto en los chicos que denunciaron por abuso al empresario Marcelo Porcel

Las declaraciones de los psicólogos que atendieron a algunos de los alumnos del Colegio Palermo Chico ofrecen una mirada sobre las secuelas emocionales y el ambiente de confianza quebrada que rodeó los hechos

>Se terminó la feria judicial, pero para que la causa avance aún falta que lleguen los peritajes psicológicos a los últimos tres chicos que declararon en Cámara Gesell en enero pasado contra Para cuidado de los menores, no se dirá de cuántos casos se nutrió esta nota ni se aportarán detalles, pero sí se hablará de cómo los profesionales expusieron la complejidad y el impacto que detectaron en ellos: culpa, impotencia, humillación y amargura, son algunos de los conceptos destacados.

Hay que recordar que la causa que investiga Pablo Turano, de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°1, y el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50 de Carlos Bruniard; se centra en lo sucedido entre 2022 y 2024 y suma 10 víctimas, pero son nueve las familias querellantes porque dos chicos son hermanos. Todos están agrupados bajo el patrocinio de Pablo Hawlena Gianotti.

El imputado aún no fue indagado, pero según el expediente, tenía como modus operandi captar la confianza de los menores amigos de sus hijos y llevarlos a sus domicilios y su lugar de trabajo, organizando reuniones y fiestas, proveyéndoles alcohol, organizando juegos, empujándolos a que hagan apuestas online y desafíos en los que les ofrecía dinero como recompensa.

De las evaluaciones hechas por los profesionales que asistieron a los menores, uno destacó que uno de los chicos “no se percibe como una víctima al ser corrompido por alcohol y plata, se siente culpable y responsable y no entiende que es menor de edad y que hay una intención de un adulto de manipularlo >El informe también subrayó la existencia de una doble victimización, por la progresiva corrupción de la percepción de realidad en el menor y la imposición de un silencio forzado tras los hechos, condicionando su autoestima y seguridad personal. >Otro de los profesionales detectó que uno de los adolescentes tiene “un fuerte sentido de diferenciación entre lo adecuado y lo inapropiado, y no minimizaba los hechos al compartirlos”. También ponderó que >“Se lo ve tranquilo y consciente de lo que está sucediendo, pero muy amargado y consternado... Tiene un claro registro de diferenciación entre lo que está bien y lo que está mal muy marcado, que lo sostiene emocionalmente; y tiene la percepción de que es una víctima... Se perciben momentos de angustia y fragilidad al sentirse impotente frente a la situación de acoso sexual”, continuó el profesional.

Y destacó: >Uno de los profesionales dijo que otra de las presuntas víctimas se mostró “amargado y avergonzado”, pero pudo expresar y detallar los hechos con claridad y determinación. El especialista destacó la capacidad del adolescente para buscar ayuda, ya que pudo activar una defensa que le aliviana la conciencia de lo sucedido. Tiene un gran criterio de integridad que, a pesar del alto estrés que vivió, intenta preservar“.

Lo describió como: >Finalmente, otro de los licenciados en Psicología que atendió a uno de los denunciantes notó que el menor experimentó sentimientos de culpa, responsabilidad y conmoción tras los episodios vividos desde su infancia.

“En principio, este chico estaba muy conmocionado por todo lo que vivió, por cómo entra, digamos, a jugar sentimientos de culpa, de responsabilidad, o sentimientos típicos de alguien que es víctima de un acoso y de un abuso >Siguió: “La conmoción tiene que ver con que este adulto era una persona que estaba en situación de responsabilidad y de confianza y de poder”. Y notó que surgió en él confusión, generó desasosiego, sentimiento de culpa, de humillación”. Y subrayó que el chico le contó que, en uno de los masajes que él no le había pedido al empresario, él >En ese orden, el profesional manifestó: “Este tipo de abusos o de acosos, las personas en general, no solamente los jóvenes, viven un estado de mucha confusión...”.

Además, el magistrado ordenó allanar las propiedades y la oficina del empresario y secuestrarle las computadoras y los celulares. Y en dos teléfonos los peritos hallaron imágenes clave: son tres de chicos con pocas ropas y dos fueron reconocidas por uno de los denunciantes y por sus padres.

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