5 de diciembre de 2025
Las increíbles obsesiones y certeras precauciones del doctor Bilardo en los sorteos de los Mundiales 86 y 90
El Narigón llegó a la final en ambas Copas del Mundo. La planificación previa de un entrenador que estaba en todos los detalles
La FIFA habÃa determinado que los seis cabezas de serie serÃan los cuatro primeros de España ’82: Italia – Alemania – Polonia y Francia, más México, como paÃs organizador. Y Brasil… por ser Brasil y su tradición en esta competencia. Argentina deberÃa esperar ubicada en el bombo 2, junto con Uruguay, Paraguay (para evitar el cruce inicial entre sudamericanos), España, Inglaterra y Unión Soviética.
Amante de la organización como pocos, ya estaba dispuesto para una jugada maestra. TenÃa un amigo/contacto/referente en cada una de las posibles ciudades, con una indicación precisa, para reservar el lugar de concentración. Pero lo hizo a su estilo, llamándolos en forma permanente en las horas previas, para recordarles los pasos a seguir.
El Narigón atravesaba uno de sus peores momentos desde que habÃa asumido, en marzo del ’83. Nunca tuvo demasiada aceptación en el hincha en general, pero varios factores se habÃan conjugado al mismo tiempo: la agónica clasificación, algunos reclamos sobre futbolistas que él mantenÃa y eran resistidos, un modo de juego alejado de lo que -muchos sostenÃan- era la tradición de nuestro fútbol, estilo al que adherÃan Argentinos Juniors, flamante campeón de la Copa Libertadores e Independiente.
En medio de ese panorama, en el mes de noviembre, la selección disputó dos amistosos ante México, con un saldo pobrÃsimo. Fueron dos empates 1-1, que no dejaron casi nada positivo para el público que lo siguió por televisión. En el segundo, disputado en el estadio Azteca, se dieron dos particularidades. La primera fue que actuaron juntos desde que el comienzo Diego Maradona, Ricardo Bochini y Claudio Borghi. Pese a ellos, la cuota de buen juego casi no existió. Y la segunda fue que conformó la última lÃnea con tres defensores. Eso llamó mucho la atención y, como la tarea fue deficiente, se le cayó al doctor con durÃsimas crÃticas. Una semana antes de viajar al sorteo, en una entrevista, se defendió con una postura a la que el tiempo le darÃa la razón: “Hay que reconocer que fuimos afuera, probamos y nos dio resultado. Acá no hay ningún equipo que lo haga. Entonces hay que preguntarse: ‘¿Qué estará carburando este tipo?’. Algo está planeando. En el Mundial, todos van a jugar con dos puntas que se van a mover por el frente de ataque. Entonces, la idea es esperarlos con uno libre y dos que salgan a buscarâ€. La tenÃa clara el hombre. Seis meses más tarde, serÃa campeón del mundo con la táctica 3-5-2 que trajo una gran innovación. Pero hay que volver el tiempo atrás. Situarnos en el caluroso domingo 15 de diciembre del ’85, en los estudios de Televisa, la mayor cadena de TV del paÃs azteca, donde comenzaba a jugarse la suerte de los 24 participantes. Las bolillas dieron el veredicto y Argentina cayó en una zona donde tendrÃa un partido en Puebla (Italia) y dos en el D. F. (Corea del Sur y Bulgaria). La capital mexicana era una de las densamente pobladas y su tránsito se habÃa convertido en un infierno, por lo que los planteles, debÃan perder muchas horas para trasladarse del hotel de concentración a los lugares de práctica. Solo habÃa un sitio diferente, que tenÃa todas las comodidades, como lo eran las canchas de fútbol y el alojamiento en el mismo ámbito. Era el campo de deportes de club América. No habÃa terminado el sorteo, que ya Argentina se lo habÃa asegurado, por la anticipación de Bilardo. En su autobiografÃa, asà lo recordó: “Cerramos con Julio Grondona el acuerdo con el club América, que incluÃa la construcción de cuatro habitaciones más en un sector algo alejado del edificio principal, porque la delegación que levarÃamos serÃa más numerosa que la que se concentraba habitualmente allÃ. Los nuevos cuartos se erigieron con tabiques de madera. La habitación que ocuparon Passarella y Brown tenÃa una parrilla adentro, porque esa edificación se alzó donde habÃa una especie de quincho. La mÃa habÃa sido parte de un pasilloâ€.Para el sorteo de Italia ’90 la historia fue diferente para Argentina. Allà también hubo polémicas con respecto a la conformación de los seis cabezas de serie, pero nuestra selección estaba fuera de discusión como campeón defensor. También contaba con la ventaja de elegir donde iba a ser su ciudad sede y allà no habÃa ninguna duda. En Nápoles serÃamos casi tan locales como en cualquier estadio de la geografÃa nacional.
Nuevamente el doctor Bilardo, que estaba más sapiente que cuatro años atrás, pero también más acelerado, fue aceitando el sistema, para no dejar nada en el azar, como lo recordó: “Cuando a fines del ’89 se realizó el sorteo del Mundial de Italia, armé una estructura similar a la que habÃa utilizado en México, aunque más acotada porque éramos cabeza de serie y tenÃamos prioridad para elegir la ciudad base. QuerÃa asegurarme un predio de primer nivel que me permitiera desarrollar una adecuada concentración. Lo primero que pregunté fue donde se iba a jugar la final. Cuando confirmaron que serÃa en Roma, dije: ‘Ahà tiene que ser’. Optamos por el campo deportivo del club Roma, situado en Trigoria, una localidad de las afueras de la capital, muy similar al de América de México. El complejo tenÃa varias canchas de fútbol y una concentración más amplia que la azteca, por lo que no fue necesario construir nuevas habitacionesâ€.
El sorteo se desarrolló el sábado 9 de diciembre de 1989. Para los argentinos, pareció benévolo (Camerún – Unión Soviética – Rumania), sin suponer lo que se sufrirÃa para poder pasar de ronda. En los análisis previos, la lucha serÃa con los soviéticos por el primer puesto, ya que era un equipo que venÃa actuando junto desde hacÃa varios años y habÃa salido subcampeón de la Euro ’88. Todos los cálculos se derrumbaron, cuando ellos cayeron en la jornada inaugural con Rumania y los hombres de Bilardo con la selección africana. A partir de allÃ, todas fueron finales. Con mucho corazón y suerte, a despecho del buen juego y con un Maradona maltrecho, Argentina fue avanzando, dejando atrás rivales y contratiempos fÃsicos, de acumulación de tarjetas y de una actuación que se instaló en las antÃpodas de lo acaecido en México cuatro años atrás.
